El gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, protagonizó uno de los episodios políticos más desconcertantes del año en México: regresó al cargo el viernes 21 de agosto tras 112 días de licencia y, apenas 33 horas después, solicitó de nueva cuenta una licencia indefinida, dejando al descubierto una fractura entre el gobernador, la dirigencia de Morena y la propia presidenta Claudia Sheinbaum.
Un regreso sin aviso
Rocha Moya había pedido licencia en mayo, después de que la fiscalía de Nueva York lo acusara junto con otros nueve funcionarios mexicanos de colaborar con el cártel de Sinaloa para introducir fentanilo, heroína, cocaína y metanfetamina a Estados Unidos2. Durante ese periodo, la gobernadora interina Yeraldine Bonilla Valverde, quien fungía como secretaria general de Gobierno, quedó al frente del estado3.
El viernes 21 de agosto, Rocha anunció en su cuenta de X que retomaba el ejercicio de su cargo como gobernador constitucional, argumentando que era su deber cumplir el mandato de los sinaloenses que lo eligieron para gobernar hasta octubre de 20274. Aseguró que la investigación no había arrojado pruebas de delito alguno y acusó a opositores de intentar dañar su imagen.

El desafío no consultado
Según la propia narrativa del gobierno federal, el regreso de Rocha no fue un movimiento institucional coordinado, sino un desafío político: el gobernador no avisó a la presidenta Sheinbaum, no obtuvo respaldo del Gobierno federal ni consultó a la dirigencia de Morena antes de anunciar su reincorporación1.
La reacción fue prácticamente inmediata. Horas después de que Rocha proclamara su regreso, Sheinbaum cuestionó duramente la decisión5, y el sábado 22 de agosto, menos de un día después, el gobernador compartió un nuevo documento en X pidiendo al Congreso estatal autorizar "una licencia temporal de carácter indefinido, por más de 30 días"2.
no personal interest can ever be placed above the interests of the people
Claudia Sheinbaum, presidenta de México
Fractura dentro de Morena
El episodio expuso divisiones que hasta entonces se mantenían veladas dentro del oficialismo. El fugaz retorno de Rocha Moya exhibió una fractura interna que el senador Ricardo Monreal calificó como un "sisma" dentro de las filas de Morena6.
Durante meses, el partido sostuvo que no existían pruebas contra Rocha y que las acusaciones formaban parte de una campaña política en su contra; sin embargo, cuando el gobernador decidió actuar por su cuenta, tanto Palacio Nacional como legisladores oficialistas comenzaron a tomar distancia1.
Lo que hay que saber
- Acusación en EU
La fiscalía de Nueva York acusó a Rocha Moya y a otros nueve funcionarios mexicanos de narcotráfico y tenencia ilícita de armas a fines de abril[^2].
- 112 días de licencia
El gobernador permaneció separado del cargo desde mayo hasta su regreso el 21 de agosto[^3].
- 33 horas en el poder
Rocha gobernó apenas un día antes de solicitar una nueva licencia indefinida el 22 de agosto[^6].
- Gobernadora interina
Yeraldine Bonilla Valverde, secretaria general de Gobierno, había fungido como gobernadora interina durante la primera licencia[^3].

Proceso interno en Morena
Tras el episodio, Morena abrió un proceso que podría derivar en la expulsión de Rocha Moya del partido. La secretaria general del partido, Citlalli Hernández, explicó que la decisión corresponde exclusivamente a la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia7.
Hernández confirmó que ese órgano analizará el caso y dejó abierta la posibilidad de una sanción, aunque hasta el momento no existe una resolución sobre una posible expulsión7.
Vamos a discutirlo, no me toca a mí ver eso, pero sí a la Comisión de Honestidad y Justicia, que seguramente tendrá una valoración
Citlalli Hernández, secretaria general de Morena
Un caso que se suma a otros señalamientos
El episodio de Rocha Moya no ocurre de manera aislada dentro de Morena. A esto se suma el caso de Mara Lezama, gobernadora de Quintana Roo, luego de que se difundiera información sobre el uso de aviones privados y gastos millonarios en vuelos, hechos que contrastan con el discurso de austeridad que el partido ha convertido en una de sus banderas1.
Mientras tanto, Sinaloa continúa atrapado en una crisis de violencia e incertidumbre, con una gubernatura sin resolución clara sobre quién ejercerá el poder de manera estable en los próximos meses1.














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