El gobierno de Manolo Jiménez ha colocado al desarrollo gasífero en el centro de su estrategia económica para Coahuila, buscando revitalizar un sector con historia en la entidad tras años de volatilidad en los mercados internacionales y capitalizar su posición dentro de la cadena de valor energética mexicana.
Una apuesta con raíces históricas
Coahuila ha sido durante décadas un actor relevante en la producción energética del país, particularmente en minería de carbón y, más recientemente, en gas natural. La administración estatal busca ahora capitalizar esa trayectoria para posicionar al estado como destino preferente de inversión en el sector.
La estrategia parte de un diagnóstico claro: la volatilidad de los precios internacionales del gas y la competencia de otras entidades con vocación energética han golpeado a la economía regional en años recientes, especialmente en municipios cuya actividad económica depende directamente de la extracción.
Los pilares de la estrategia
El plan gasífero coahuilense se sostiene en dos frentes complementarios: la atracción de capitales externos y la puesta en marcha de proyectos concretos de corto plazo. En el primer caso, el gobierno estatal ofrece facilitación de permisos, simplificación administrativa y garantías de estabilidad regulatoria a los inversionistas interesados.
En el segundo frente, la apuesta se centra en reactivar infraestructura ya existente que ha operado por debajo de su capacidad, explorar nuevas áreas con potencial gasífero y fortalecer la integración con las cadenas de distribución y procesamiento que ya operan en la región.
- Facilitación de permisos y simplificación administrativa
- Garantías de estabilidad regulatoria a inversionistas
- Reactivación de infraestructura gasífera existente
- Exploración de nuevas áreas de potencial productivo

Lo que está en juego para la economía local
Para los municipios coahuilenses cuya economía gira alrededor de la actividad gasífera, la estrategia representa una posible fuente de empleos directos e indirectos y de recaudación fiscal para las arcas estatales. También se espera una mayor articulación con proveedores locales, lo que podría traducirse en beneficios para pequeñas y medianas empresas de la región.
La dinamización de estos municipios es, en el discurso oficial, uno de los objetivos centrales de la política, en la medida en que buscan reducir la dependencia de un solo ciclo económico y diversificar las fuentes de ingreso de las comunidades más ligadas históricamente a la actividad extractiva.
Coahuila tiene la experiencia, la infraestructura y la vocación para volver a ser referente energético del país.
Manolo Jiménez, gobernador de Coahuila
Lo que hay que saber
- Eje central
El desarrollo gasífero es prioridad de la estrategia económica del gobierno estatal.
- Enfoque dual
Combina atracción de inversión externa con proyectos de reactivación a corto plazo.
- Impacto esperado
Busca generar empleos y recaudación en municipios dependientes de la actividad extractiva.
Los retos ambientales y de mercado
La estrategia no está exenta de tensiones. El principal desafío es encontrar un balance entre el desarrollo extractivo y la protección ecológica, cumpliendo con las regulaciones ambientales federales y garantizando la participación de las comunidades en los territorios donde se desarrollan estos proyectos.
A ello se suma un contexto nacional complejo: la política energética federal marca su propio ritmo, y el gas natural compite por espacio en la agenda pública frente al impulso a las energías renovables. Además, el sector sigue expuesto a los vaivenes de los precios internacionales, un factor que escapa al control de cualquier gobierno estatal.
La alineación con la política energética federal será, en este sentido, un factor determinante para el éxito o el estancamiento de la estrategia, en la medida en que las decisiones sobre permisos, contratos y prioridades sectoriales se definen en gran medida desde el gobierno central.
Un modelo replicable
La estrategia coahuilense se inscribe en un fenómeno más amplio: la manera en que los gobiernos estatales mexicanos adaptan sus políticas económicas a los recursos naturales disponibles y a las presiones de competitividad regional. En un país donde varias entidades compiten por captar inversión energética y minera, la diferenciación pasa cada vez más por la certeza regulatoria y la rapidez de los trámites.
El resultado de esta apuesta dependerá tanto de factores internos —la capacidad de ejecución del gobierno estatal— como externos, ligados a los precios del gas y a las decisiones de política energética que se tomen a nivel federal en los próximos años.














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